Llegué el 2004 a la casa de las que partí hace poco, menos de un mes. Un día mi vieja emocioná hasta las lágrimas nos dijo que los vecinos tenían una despedida prepará pa nosotros. Nunca me despidieron de ninguna parte, siempre me voy no más, decir chao es una weá que me cuesta, prefiero desaparecer, de a poco diluirme sin que nadie se de cuenta siquiera y "si te he visto no me acuerdo". Pero ahora todo fue despedirse ceremoniosamente. Eliminé un par de bitácoras de antaño, vi mi pieza por última vez, miré mi casa desde todos los lados posibles, recordé en cada rincón y enterré cosas en el patio: una carta resumen de lo vivido ahí, la cola de un pito, papeles de frugilé, un snoopy chiquitito que me regaló Jacobo, una frutilla brillante que me dió el Feli, unos coquitos de pino que me dió Charlie, una estrella azul que me dió el Seba, una flor de origami que me dió el Punky, una hoja de libro que Fer arrancó para mi en la feria del Libro (por eso le amé)un boleto doblao que no recuerdo quién me lo dió...y todo lo pequeño que podía caber en un tarrito de ECO el día antes de irme, cuando puro faltaba meter los colchones en la camioneta, agarré la pala abrí un hoyo en la tierra no muy profundo y enterré todo lo que pude enterrar literal y metafísicamente hablando.
La despedida fue bien bailá y bien tomá. Terminé ebria haciendo show con Nicolastro en medio de la pista de baile e incluso llevándome un vaso de la casa que organizó el carrete. Nunca me aprendí el nombre de los vecinos, nisiquiera de "la vecina" madre del Jacobo y Nicolastro..no sé si Teresa o María Teresa, pero le quería, sobretodo porque es de esa gente que hace favores desinteresadamente. Ese día en especial se le veía contenta y a todos, en esa versión de mesa TE CLUB pero con mesa de pin-pon cubierta con un mantel rojo con hoyitos, mantel en el que me pegué harto rato enterrandole malévolamente las uñas entremedio.Pensaba en Jacobo que estaba al lado mio, en su cara niñito igual que cuando lo conocí, con la misma actitud primaria y tímida de dejar caer la mirada y sonreir. Creo que en un momento le pasé la mano por el pelo...es una lástima que se crea enfermo, enfermo ido de la mente ashi, enfermo de patología mental, de esas que convencen y medican los psiquiatras, pero así como patología...pppffff...
Hubo detalles de las personas ahí que pasaron inadvertidos antes, como que una de las vecis cojeaba de una de sus piernas, me sentí mal por eso de no verles ni apreciarles antes de la ida mia.
A ratos miraba el cielo y veía mi casa desde una perpectiva diferente, jamás había entrado al patio del vecino contiguo(que se ríe con LA RISA de ese programa que anima el Salfate) de no ser por la despedida la vista desde ese lado de la casa habría sido un misterio.
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