viernes, 12 de junio de 2009

Joshua Bell

Hace unas cuantas semanas el periódico de la capital estadounidense The Washington Post llevó a cabo un curioso experimento cuya finalidad era calibrar, más o menos, el gusto artístico del ciudadano medio de la capital del imperio, y por extensión, el del americano “tipo medio”, que francamente no sé en qué consiste. Para llevar a buen término su experimento, convencieron a uno de los más grandes y prestigiosos violinistas del mundo en la actualidad, Joshua Bell, para que, vestido con vaqueros, una camiseta sencilla y llevando consigo, eso sí, su violín de 3 millones de euros, descendiese a primera hora de la mañana hasta uno de los andenes de una estación del metro, y tocase con su carísimo instrumento seis piezas de Bach.
Los promotores de la idea querían averiguar si los usuarios del metro sabían distinguir el sonido de un concertista de violín de calidad excepcional del de un sencillo músico callejero, y hacer del resultado una piedra de toque de cómo está calibrada la sensibilidad artística del ciudadano común. El resultado fue que durante los poco más de cuarenta minutos que Joshua Bell tocó las piezas de Bach, sólo obtuvo unas cuantas monedas de limosna y sólo unos pocos usuarios del metro, que podían contarse casi con los dedos de las manos, se detuvieron algunos minutos a escuchar con atención al músico de excepción. El resto de los ciudadanos que a esa hora deambulaban sus prisas y preocupaciones por los pasillos del metro, pasaron al lado del violinista dirigiéndose a sus quehaceres cotidianos con la velocidad de siempre, sin prestar ni un segundo de especial atención a la música de Bach que salía de un violín de 3 millones de euros tocado por un instrumentista que llena en todo el mundo salas de concierto costando decenas de dólares las entradas más baratas. Al parecer sólo una mujer llegó no sólo a interesarse de veras por la calidad de la música que podía escuchar gratis en los túneles del metro, sino que incluso reconoció al intérprete y le dijo que ya le había escuchado en la Biblioteca del Congreso, y que recordaba aquel concierto como maravilloso.


7 comentarios:

Santiago Paz dijo...

No faltan aquellos que pasan -y me incluyo- de repente por las bellezas de la vida de largo sin ponerles siquiera un poco de atención.


Beijos.


Santiago.



P.S: Pase cuando quiera.

Anónimo dijo...

es que era bach no mas pos, con paganini habria sido diferente. ademas el ejercicio en si mismo es idiota y deja al descubierto que la virtud del musico a veces se vuelve un contexto espectacular sin el cual nadie sabe contemplarlo.

EuFoRBicA dijo...

No sé, a mi me llamó la atención porque era él, Joshua, que le amo con todo mi ser...
Pa mi los violines son interesantes porque si...
Me da risa ese esfuerzo por comprobar que los gringos son estúpidos...jajajjaja...
Recién estoy comenzando a agudizar mi oído...recién.

Anónimo dijo...

chaaa escribi la media guea y se borro. era una alegoria acerca de nuestra pobreza y falta de internek y tambien dije algo asi como que habia cierta elegancia en el fracaso. tres con tres a eme. estamos al habla compulsiva de preferencia. avion.

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=puC0UeWLjM8

el video es muy estado de naturaleza de locke todos super empelota felices pero igual

E dijo...

:D

Lo amé, yo quieroooooooooooo!!!

tierragramas dijo...

loco, se cachaba a la legua que el loco era seco, aunque claro... avanzando a la rápida, los segundos que alcanzas a escuchar, puede que te parezca algo más del montón.

A decir verdad, suelo detenerme a escuchar buena música cuando puedo. O en el metro, cuando sube alguien a hacer arte: fuera fonos y atención total. Uno debiera sentirse afortunado...


Excelente experimento!